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Noticias Segunda Guerra Mundial

Hallan cientos de cuerpos de soldados alemanes de la Segunda Guerra Mundial
Los militares murieron en Ucrania entre 1941 y 1943





MOSCÚ — Militares ucranianos y alemanes han encontrado los restos de unos 200 soldados alemanes enterrados en Kiev durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, informó un periódico de Ucrania.

El periódico Segodnya informó el miércoles que los ucranianos y alemanes han participado en la búsqueda desde hace tres semanas cerca de un cementerio en las orillas del Dnieper, en Kiev, donde se cree que unos 1,500 alemanes fueron enterrados entre 1941 y 1943.

Citado por Segodnya, el funcionario de la comisión alemana de tumbas de guerra Alexander Romanenko dijo que los trabajos continuarán hasta el invierno y que después los restos serán enviados a Alemania para identificación y entierro.

La ocupación alemana de Ucrania, de 1941 a 1944, resultó en la muerte de cientos de miles de judíos y dejó en ruinas el así considerado "granero" de la Unión Soviética.

La máquina más monstruosa de la Segunda Guerra Mundial



La Segunda Guerra Mundial es uno de los sucesos más trágicos de nuestra humanidad. Como consecuencia de ello, también se crearon algunas de las armas más mortíferas de la historia, como puede ser la bomba que devastó Hiroshima o el que vemos en la imagen, el cañón Schwerer Gustav, también conocido como cañón Dora.

Este cañón de largo alcance creado por los alemanes en 1941 se encontraba pensado para derribar grandes fortificaciones. Sus proyectiles tenían un calibre de 800mm, los cuales estaban preparados para alcanzar una distancia de 25.000 metros. Asimismo, pesaba unas 1.350 toneladas y tenía una longitud que superaba los 47 metros.

Sin embargo, el problema era que se necesitaba una gran cantidad de personal para poner en funcionamiento el cañón Dora. Esa fue una de las razones por la que fue utilizado para conseguir la base naval de Sebastopol en Crimea. Así, el arma únicamente disparó 48 proyectiles en toda su vida, malgastando así todo el esfuerzo y dinero invertido en su creación.

Kamikazes: «Éramos soldados, no terroristas suicidas»



Hace siete décadas, al final de la Segunda Guerra Mundial, Yoshiomi Yanai salió en busca de la muerte y no la encontró. Con solo 23 años, era un kamikaze del Ejército japonés dispuesto a estrellar su avión cargado de bombas contra la flota de Estados Unidos, que había conquistado la isla de Okinawa y enviaba desde allí sus bombarderos para arrasar las ciudades niponas.

«Como todos los estudiantes, fui movilizado en 1943, cuando estudiaba Política en la Universidad de Keiko, y destinado a la Armada, que me envió a una academia de pilotos tras una instrucción durísima que eliminó nuestros hábitos de chicos de ciudad», explica a ABC Yoshiomi Yanai, hoy un afable anciano.

Nacido en enero de 1922 en una familia de terratenientes de Mine, en la prefectura de Yamaguchi, era el cuarto de cinco hermanos y, al no ser el primogénito ni estar casado, contaba con todas las papeletas para convertirse en «viento divino», significado en japonés de kamikaze. «Todos queríamos ser pilotos de los cazas Zero porque era un honor para nuestras familias y universidades, que estaban orgullosas de nuestro sacrificio», revela el fanatismo reinante en la sociedad nipona de aquella época bajo una dictadura militar que había conquistado buena parte de Asia.

«Además de vuelos nocturnos y giros completos, la formación comprendía atacar en escuadras para estrellarnos contra los barcos enemigos y ascender hasta los 2.000 metros para caer luego en picado», desgrana Yanai, quien despedía a todos sus compañeros hacia una muerte segura mientras él esperaba su turno. «Ser un kamikaze significaba la muerte, pero yo estaba preparado porque había superado mis miedos y renunciado a mis sueños después de una dura lucha interna», reconoce con estoicismo.

En la primavera de 1945, y con la guerra ya perdida, el imperio del Sol Naciente se resistía para impedir una invasión estadounidense con el único recurso de morir matando. Tres días después del ataque contra el portaaviones USS Bunker Hill, el más grave de la guerra con casi 400 muertos, Yanai fue asignado el 14 de mayo a una escuadra que tenía como objetivo localizar y destruir el USS Enterprise, que había sido divisado rumbo a Japón pero cuya ruta no estaba clara.
«Morir con una sonrisa»

«Aunque no pude enviársela porque estaba prohibido, le escribí una carta a mi madre diciéndole que iba a morir con una sonrisa. Todos los pilotos tratábamos de consolar a nuestras familias, pero en el fondo de nuestro corazón no era verdad», admite antes de explicar el ataque, lanzado desde la base de Kanoya, al suroeste de Japón, en la isla de Kyushu.

«En realidad, en la ceremonia de despedida no bebimos sake, sino agua, para que el alcohol no nos afectara. Cargando bombas de 500 kilos, volamos durante dos horas bajo el radar, a cien metros sobre el nivel del mar, en busca del portaaviones», recuerda Yanai, que salvó la vida porque no encontró su objetivo debido al mal tiempo. «Creía que lo había visto y elevé el vuelo sobre las nubes para lanzarme en picado, pero lo perdí cuando me disponía a atacar», asegura. Sin apenas combustible para regresar a la base, se deshizo de sus explosivos y regresó a la base temiendo que sus superiores lo castigaran por haber fallado en su misión. En lugar de eso, se encontró con un permiso en un «onsen» (aguas termales) porque otros dos pilotos tampoco habían hallado su objetivo.

«Yo no luchaba por el emperador, sino por mi país y por mi familia, pero es bueno que Japón perdiera la guerra porque así pasamos de una dictadura militar a la libertad y la democracia», razona Yanai, quien no quiere que se compare a los terroristas suicidas con los kamikazes porque «nosotros éramos soldados en una guerra y solo atacábamos objetivos militares, no civiles». Sin embargo, critica que «era una estrategia horrible porque se basaba en nuestro sacrificio». Ironías de la vida, este antiguo kamikaze se hizo pacifista tras la guerra y su hija se casó con un norteamericano.

Italiana descubre a su hija alemana 70 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial



Una italiana de 92 años descubrió a su hija alemana de 71, que le habían quitado cuando era bebé al término de la Segunda Guerra Mundial, un caso poco común, contó este lunes la prensa italiana.

La anciana madre, originaria de una pequeña localidad de Emilia-Romagna (en el norte de Italia), había sido enviada a Alemania para trabajar, pero se quedó embarazada en 1944 de un soldado alemán que estaba casado. La familia del padre le quitó el bebé después del nacimiento y la joven tuvo que regresar a Italia, aunque asegura que nunca perdió la esperanza de volver a ver a su hija.

La niña, que sabía que la madre era italiana, estaba convencida de que había muerto ya que la familia paterna jamás le permitió que se conocieran. El año pasado, con ocasión de la muerte del padre, la septuagenaria Margot Bachmann recurrió al Servicio Internacional de Rastreo, un centro de documentación alemán sobre la guerra para intentar encontrar a su madre.

Con ayuda también de la Cruz Roja Italiana descubrió que la madre aún estaba viva y finalmente podrán reunirse este fin de semana en Novellara, la pequeña ciudad donde reside la anciana señora. "Cuando comencé a averiguar más sobre mi historia, nunca me imaginé que iba a poder abrazar a mi madre", comentó Margot Bachmann a un diario local.

"Mi padre me prohibió buscarla, lo hice solo después de su muerte y gracias al apoyo precioso de mi hija", comentó la septuagenaria.

Para la portavoz de la Cruz Roja Italiana, Laura Bastianetto, se trató de "un pequeño milagro". "Es muy raro que una madre y su hija se reúnan tras 71 años, eso ha ocurrido más entre hermanos y hermanas, porque quedan pocos sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial", explicó.

Investigadores holandeses encuentran una nueva fosa común en el campo de Bergen-Belsen

 

La fosa común mide 16 por 4 metros y fue localizado gracias a cientos de testimonios de ex reclusos obtenidos por un cuerpo de científicos, encabezado por Pablo Verschure, nieto del trabajador holandés Jan Verschure, quien se cree fue enterrado en la fosa, según informó el programa de noticias de la televisión holandesa "Nieuwsuur" y el diario israelí "Times of Israel".

El equipo de investigación habló con los sobrevivientes del campo de concentración ubicado en la región norte de Baja Sajonia, donde unas 70 mil personas murieron entre 1941 y 1945.

"Uno de ellos me dio un mapa en el que se marcó en donde enterraron a mi abuelo", dijo Verschure.

El lugar está situado en el extremo de la ex carretera principal del campamento y es hoy sólo un campo de hierba, ya que fue incendiado por las tropas británicas poco después de que fue liberado el 15 de abril 1945 para evitar la propagación de enfermedades mortales como el tifus.

"Hemos consultado a la comunidad judía de la Baja Sajonia y de acuerdo con las leyes religiosas no se permite la excavación. Es por eso que hay una decisión de no iniciar una excavación. En cualquier caso, todo el campamento será declarado un cementerio ", dijo.




Putin: "Detrás de los intentos de reescribir la historia está el deseo de ocultar su propia infamia"

El presidente ruso, Vladímir Putin, considera que los intentos de reescribir la historia son "inaceptables" y opina que detrás de ellos "está el deseo de ocultar la propia infamia".
El presidente ruso afirmó que "los crímenes como el Holocausto no deben repetirse". "Es nuestro deber común y, sin exageración alguna, es la tarea más importante y palpitante para la comunidad internacional", agregó durante su intervención en un acto celebrado en el Museo Judío y el Centro de la Tolerancia de Moscú con motivo del 70.º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz.



"Es difícil imaginar que verdaderas fábricas de la muerte, ejecuciones y deportaciones en masa se convirtieron en una terrible realidad del siglo XX, que fueron organizadas de una manera interesada y a sangre fría en una Europa civilizada, como lo parecía en aquel entonces", expresó.

Putin advirtió del peligro de la política de doble rasero y de la indiferencia ante el destino de otros seres humanos. "Como, por ejemplo, en el caso de la tragedia en el sureste de Ucrania, donde durante varios meses disparan a sangre fría contra civiles de Donbass, Lugansk y otras ciudades y pueblos", agregó.

Después de 2015 reeditarán el libro “Mi lucha”, de Adolf Hitler

Una edición comentada del libro del dictador nazi Adolf Hitler “Mi lucha” ("Mein Kampf" en alemán) se publicará en Alemania después de 2015, tras renunciar la región de Baviera a intentar bloquear esta publicación por vía judicial.



"No se puede atentar contra la libertad científica", declaró este miércoles el ministro bávaro de Educación y Ciencias, Ludwig Spaenle. El Instituto de Múnich que tiene a su cargo este proyecto "puede publicar una edición" bajo "su propia responsabilidad", agregó.

Baviera, que heredó los derechos de autor de este libro después de la Segunda Guerra Mundial, ha procurado evitar que se publiquen los escritos nazis. Estos derechos expiran en 2015, pero esta región del sur de Alemania había dado a entender en diciembre que podría recurrir a la justicia para impedir que se publique “Mi lucha” después de esa fecha.

“Mi lucha”, redactado por Hitler cuando estaba preso en 1924 y 1925, no está prohibido en Alemania, pero Baviera había impedido su publicación desde 1945. Sin embargo, en internet, varios portales venden la versión inglesa del libro. Además, numerosos expertos subrayan que muchas partes del mismo están disponibles en alemán en internet.

Fuente: AFP

Restaurados 31 rollos de fotografías de la Segunda Guerra Mundial


Los 31 rollos de película fueron hallados por Levi Bettweiser en una subasta celebrada el pasado 2014 y que permanecieron inéditas 70 años. En el mes de julio fue recuperada una vieja cámara que incluía algunas fotografías inéditas y que perteneció a un soldado que lucho en la Batalla de las Ardenas, según investigaciones de la web PetaPixel son falsas.

"The Rescued Film Project", creado por Levi Bettweiser, se ha dedicado a restaurar los negativos para dar a conocer este legado histórico. La película puede estar dañada por el calor o la humedad, lo que convierte la recuperación es una operación muy delicada. Además este tipo de película ya no se fabrica. Las instantáneas fueron realizadas por un soldado norteamericano, durante la Segunda Guerra Mundial, en diversas localizaciones. En algunos de los rollos se indicaban Boston Harbor, Lucky Strike Beach o LaHavre Harbor y un par de ellos estaban enrollados con una carta y un poema, pero se desconoce el nombre del autor. Las imágenes muestran, los preparativos de vuelta a casa, los cuarteles o las playas de Normandía.








Stolpersteine: Los adoquines del recuerdo


El proyecto Stolpersteine es obra del artista conceptual Gunter Demnig y quiere recordar la deportación, en 1940, de 1.000 Roma y Sinti (dos grupos gitanos) que habían residido en la ciudad de Colonia. Demnig investigó en los archivos y se entrevistó con testigos de los hechos, con el fin de localizar la última residencia que tuvo cada uno de los deportados.

La idea se reflejó en 1990 pintando de blanco los adoquines que se hallaban frente a las casas. La idea de grabar planchas de bronce y fijarlas en el suelo en 21 lugares con el el texto "Mai 1940-1000 Roma und Sinti" (Mayo 1940-1000 Romaníes y Sinti) surgió cuando la pintura empezó a desvanecerse.





El 16 de diciembre 1992 se cumplieron 50 años del decreto que Heinrich Himmler firmó para deportar a los Sinti y Roma a campos de exterminio. Gunter Demnig aprovechó la ocasión para conmemorar el preludio de las deportaciones con el grabado de la primera frase del decreto sobre una piedra. Esta primera Stolperstein se colocó delante de Ayuntamiento de Colonia. La intención de Demnig era participar de este modo en el debate en curso sobre la concesión a los Roma de la antigua Yugoslavia el derecho de residencia en Alemania. Demnig continuó el proyecto Stolpersteine ​​tras un encuentro con habitantes de Colonia que habían vivido la guerra y estaban convencidos de que ninguna Sinti o Roma habían vivido alguna vez en su barrio. De este modo nació su idea de conmemorar a todas las víctimas de la persecución nazi frente a su último lugar de residencia elegido, antes de ser deportados. Un Stolperstein sería, simbólicamente, como devolverlos a su vecindario años después de haber sido arrancados de su vida cotidiana.



En 1993, Demnig explicó la colocación de piedras conmemorativas a las víctimas de los nazis en la publicación "Größenwahn - Kunstprojekte für Europa" (La megalomanía: Proyectos de arte para Europa). Un año más tarde, Demnig, a instancia de un sacerdote en la Iglesia de San Antonio en Colonia, expuso 250 Stolpersteine ​​para recordar el asesinato de otros tantos Sinti y Roma en la iglesia. En enero de 1995, estos bloques de hormigón con una plancha de bronce que mide 10 x 10cm fueron colocados en las aceras de la ciudad de Colonia. En la actualidad hay Stolpersteine ​​en más de 610 lugares en Alemania, así como en Austria, Hungría, los Países Bajos, Bélgica, la República Checa, Rusia, Croacia, Francia, Polonia, Eslovenia, Italia, Noruega, Ucrania, Eslovaquia, Suiza y Luxemburgo.



Por 120 euros, cualquiera puede patrocinar una Stolpersteine, incluyendo la investigación, su fabricación y su instalación en el lugar designado, aunque en la actualidad Demning está saturado de trabajo y por el momento no admite nuevas instalaciones.





Sebastian Schreiber





Se fue uno de los personajes mas grandes de la segunda guerra mundial, una autentica leyenda viviente de los blindados el as de panzer Herr Oberleutnant Otto Carius fallecio el dia de hoy a sus 92 años... Parece que hoy nadie atendera en su pequeña Tiger Apotecke



Berthold María Schenk Graf von Stauffenberg es el hijo de Claus von Stauffenberg, el hombre que intentó matar al tirano nazi y cuya figura da pie ahora al film Valkyrie.

Tenía 10 años cuando su padre murió. ¿Sabía usted o el resto de su familia algo de su participación en el movimiento de la resistencia alemana?

Por supuesto que no. Todo eso tenía que ser un secreto. Si nosotros, los niños, nos hubiéramos enterado, hubiesen corrido el riesgo de que habláramos de más. Mi madre sí sabía algo y lo consintió. Pero nosotros no nos dimos cuenta de nada.

¿Y cuándo lo descubrió su madre?

Se dio cuenta de que algo pasaba bastante pronto y mi padre se lo dijo. No sé cuánta información le proporcionó. Mi madre sabía que tenía un plan entre manos. Pero lo que ella sí que no sabía era que mi padre iba a ser quien colocase la bomba.

¿Cómo y cuándo se enteró del atentado? ¿Qué pensó y qué sintió?

Oí en la radio que había ocurrido un atentado. Al día siguiente nuestra madre nos dijo a uno de mis hermanos y a mí que había sido nuestro padre, cosa que no pudimos comprender. Nos conmocionó mucho. Aquella misma noche se llevaron a mi madre. No la volvimos a ver hasta junio del 45.



Ha hablado de conmoción, ¿fue porque se enteró de que su padre había muerto o porque estaba involucrado en el movimiento de resistencia?

Por ambos motivos. Hoy en día cuesta creerlo, pero en aquel entonces la muerte no era nada fuera de lo normal. Casi la tercera parte de mis compañeros de clase habían perdido a sus padres; era algo con lo que había que contar; la muerte podía llegar de muchas maneras, por bombardeos desde el aire por ejemplo. Pero también fue por las circunstancias de su muerte, porque se enfrentó al jefe de Estado. Eso era inimaginable para nosotros. Nos preguntamos cómo pudo hacer algo así contra el Führer. Nuestra madre nos contestó que lo tuvo que hacer por Alemania. Entonces no alcancé a comprenderlo del todo. Me llevó tiempo hasta que lo entendí.

¿Fue usted educado de acuerdo a los preceptos de la época?

Sí, pero no como nazis verdaderos. Pero es que el entorno era así. Como ya he dicho, mis padres tuvieron que andarse con cuidado. Delante de nosotros no criticaban el sistema, aunque tampoco lo alababan. Sin embargo, en la escuela recibí una educación nazi.

¿Qué ocurrió después de que se llevasen a su madre?

Mi familia se desintegró. La mayor parte de los adultos de mi familia fueron llevados a campos de concentración, incluso aquellos que visiblemente no estaban involucrados. Entonces se aplicaba la llamada “corresponsabilidad familiar”, es decir, que toda la familia pagaba por las acciones del padre. Mi madre y mi tía pasaron mucho tiempo en prisión preventiva, porque querían descubrir si ocultaban información. Pero no consiguieron nada. A nosotros nos llevaron a un orfanato especialmente habilitado para los hijos de los involucrados en el atentado del 20 de julio y los del General Seydlitz, que hizo propaganda contra Hitler. Permanecimos allí hasta la llegada de los norteamericanos.

¿Marcó el atentado el camino que tomó después en su vida? ¿Siguió la carrera militar?

Quizá “marcar el camino” sea decir mucho, pero sí que tuvo una influencia sobre mí. Si tu nombre es conocido, y el nuestro lo era, no puedes llevar la misma vida que si fueras un personaje anónimo. Por lo general, todos los trabajos son difíciles, pero cuando sigues los pasos de tu padre, lo es aún más. Me hice militar porque pensé que me gustaría. No lo hice ni para seguir la tradición, ni por mi padre, sino pese a él.

¿Existe alguna idea equivocada sobre su padre que a usted le enerve especialmente?

Bueno… Siempre se comenta que al principio era nazi y que luego cambió de parecer. Eso suena excelente, suena bien para aquellos que fueron nazis. Yo no tendría nada en contra, en caso de que esa fuese la verdad. Pero no es así. Al principio mi padre no era ni nazi, ni antinazi, sino que quería ver qué iba a pasar y juzgar imparcialmente. Por aquel entonces no sólo se mostró contrario a los partidarios del nazismo, sino también a los opositores declarados. La imparcialidad era algo a lo que él de le daba mucha importancia.

¿Qué pinceladas le faltan a la imagen que se tiene hoy de su padre?

Eso yo no lo puedo juzgar correctamente, porque no llegué a conocerlo tan bien. Él no era un “superhombre”, o “súper estrella” como se dice hoy, y tampoco era un hombre cualquiera. Yo creo que era una persona muy dotada.

Se han rodado siete películas, entre ellas documentales, sobre su padre, y ahora Hollywood, junto con Tom Cruise, también quiere abordar el tema. ¿No tiene la sensación de que los medios se están apropiando de su historia personal?

Por supuesto que los medios se han apropiado de la historia de mi padre. En la literatura se pueden encontrar ejemplos tanto opuestos o refractarios como mezquinos, y eso sin mencionar las tan benevolentes películas que se han hecho sobre él.

Y, sin embargo, su familia no se ha cerrado a los medios de comunicación…

No. Nosotros no creemos que el honrar o no honrar la acción de mi padre sea asunto de nuestra familia, sino que deberíamos mantenernos al margen de eso. Lo cual no significa que estemos en contra o que no apoyemos sus actividades. Pero no nos pronunciamos activamente.

¿Y toda esta historia con Tom Cruise? ¿Ha sido entrevistado por la prensa acerca del tema?

Es cierto, de eso quería hablar. Ningún miembro de la familia se ha pronunciado al respecto. El Süddeutsche Zeitung me invitó a una entrevista, en la que di mi opinión sobre el tema. Eso es posible en una democracia, el hecho de que uno diga lo que piensa, sin que con ello formule pretensiones. En ningún momento he dicho que no se ruede la película. Y en ningún momento he dicho que Tom Cruise no deba o no pueda ser actor. Sólo he comentado que no estoy de acuerdo, lo cuál también me parece legítimo.

Con el paso de los años, la imagen de su padre como líder de la resistencia ha cambiado mucho. Primero se le denunció; luego se le idealizó, después llegó una mezcla de ambas opiniones... ¿Se aproximan las nuevas valoraciones a la realidad?

60 años son muchos años. Ya quedan muy pocas personas que hayan participado activamente en la guerra. Incluso sus hijos son ya ancianos. Obviamente su imagen ha ido cambiando. Ahora está dejando de pertenecer a la memoria activa y a formar parte de la Historia, en la que se van colando errores. Eso ha sido siempre así; la historia que conocemos seguro que está repleta de inexactitudes que ni conocemos ni se pueden detectar.

¿Qué significado cree que tienen los acontecimientos del 20 de julio de 1944 para Alemania? ¿Y en el marco internacional? ¿Y para usted?

No quiero aleccionar ni a los alemanes ni al resto del mundo, pero tal vez sí se pueda decir algo, y es que si uno siente una obligación moral, entonces hay que ser coherente con ella. No se trata de si lo que hizo mi padre fue políticamente bueno o no; no es una cuestión de política. Tampoco es cuestión de si uno es demócrata o no. Es una cuestión moral. ¿Puede uno tolerar, si se tiene la posibilidad de evitarlo, que un pueblo viva gobernado por criminales?

Vía: Deutsche-welle
Por Julie Gregson


Anualmente Alemania ubica 40.000 muertos durante la guerra.


Unos 3 millones de soldados alemanes murieron en la Unión Soviética y Europa del Este durante la Segunda Guerra Mundial, y los familiares y descendientes desconocen la suerte de cientos de miles de ellos.




El martes, 8 de mayo, La Comisión Alemana de Tumbas de Guerra lanzó una campaña, en el 67º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, para promover su base de datos en línea, que contiene información sobre los 4,6 millones de soldados muertos o desaparecidos, como un medio para que parientes y descendientes encuentren a sus familiares perdidos en acción. Unos 40.000 son ubicados y trasladados cada año a través de Europa oriental y Rusia, donde los investigadores alemanes todavía encuentran hostilidad de lugareños que recuerdan la ocupación.
"Hoy, muchas personas están todavía buscando familiares desaparecidos. Pero muchos han perdido la esperanza. Tal vez no saben que la Comisión puede darles respuestas", dijo Martin Dodenhoeft, jefe de comunicaciones de la organización, en una declaración. "Es por eso que hemos iniciado una campaña por radio para comunicar a una amplia audiencia acerca de esta posibilidad ofrecida en Internet."
El final de la Guerra Fría hace más de dos décadas permitió a la organización iniciar la localización de fosas, identificar cuerpos y trasladarlos a cementerios nuevos en Alemania desde Rusia y países de Europa oriental.
Unos 716.000 alemanes muertos han sido encontrados y trasladados desde entonces y ese número aumenta en 40.000 cada año, dijo la Comisión. La base de datos procesa unas 20.000 búsquedas por mes.
"Estamos concentrando las tumbas. Nosotros no podemos preservar todos los cientos de miles de sitios donde están enterrados los soldados, por lo que se construyeron grandes cementerios nuevos o se ampliaron los ya existentes, dijo Fritz Kirchmeier, portavoz de la Comisión, a SPIEGEL ONLINE.
‘Nosotros encontramos todavía enorme resentimiento de parte de la población’
"Esperamos reducir nuestras actividades en el 2017 ó 2018 porque cada vez estamos encontrando menos cuerpos y resulta más costoso recuperarlos. Nos estamos quedando sin dinero". La Comisión, que es en gran parte financiada por donaciones, espera encontrar más de 250.000 cuerpos para entonces.
Los soldados a menudo fueron enterrados apresuradamente donde cayeron, o cerca de hospitales de campaña y hospitales tras las líneas, donde murieron debido a sus heridas.
La mayoría de los lugares de enterramiento están sin marcar, y algunas son fosas comunes, dijo Kirchmeier. "Hemos recopilado gran cantidad de partes y registros de guerra y los utilizamos para localizar los cementerios. Luego, nuestro personal viaja hasta allí para intentar localizarlos.
"Contamos con la ayuda de testigos oculares locales, que es un aspecto más que nos pone bajo presión porque esas personas son por supuesto de muy avanzada edad y no podremos pedirles su ayuda sino en un lapso de 10 años. A menudo llegamos demasiado tarde. Los sitios a menudo han sido saqueados por personas que buscan las tumbas para recolectar objetos que pueden vender."
A veces, los equipos de la Comisión reciben una recepción hostil.
"Algunas personas se alegran cuando los muertos son llevados lejos de su tierra, pero ocasionalmente encontramos enorme resentimiento de los habitantes locales," dijo Kirchmeier. "Todavía está muy viva la memoria de la ocupación alemana y de los crímenes de guerra".
A menudo, los equipos de búsqueda no pueden llegar a las tumbas porque se han construido carreteras o edificios sobre ellas.
Sólo sitios con al menos 50 cuerpos son explorados.
"Si las tumbas se encuentran en tierras de labranza, tenemos que tratar con el propietario y suelen permitir la exhumación sólo después de la cosecha", dijo Kirchmeier. "Entonces les restauramos todo a su estado original, eso que hace que la operación sea aún más cara".
Desde principios de los noventa, la Comisión ha restaurado o construido más de 300 cementerios de la Segunda Guerra Mundial y 190 de la Primera Guerra Mundial en el Este, Sureste y Europa Central, así como en Rusia.
Las tumbas individuales, incluso las que contienen docenas de soldados, se consideran demasiado insignificantes para justificar una exhumación, dijo Kirchmeier.
"Sólo buscamos sitios con apenas uno o dos cuerpos en casos excepcionales, cuando los familiares nos lo piden, pero es improductivo porque el costo es muy alto. Normalmente no intentamos rastrear los sitios que contienen menos de 50 cuerpos – al menos no por ahora."
Los soldados se identifican por su Placa de Identificación o con la ayuda de registros originales del ejército que muestran la ubicación de los lugares de enterramiento.
"Si podemos identificar un soldado, es posible hacerlo con las tumbas vecinas donde los restos no tengan sus Placas de Identificación – eso si tenemos los registros de quien fue enterrado en ese lugar," dijo Kirchmeier.
La Comisión explora un total de 824 cementerios de guerra en 45 países, conteniendo un total de 2,4 millones de muertos. Emplea a unos 9.000 trabajadores voluntarios y cuenta con un personal remunerado de 582.



EL HOMBRE QUE DUERME EN LA CAMA DE HITLER
(Y TIENE LA COLECCIÓN MÁS GRANDE DE MEMORABILIA NAZI)



Por razones que podrían no ser tan evidentes, la iconografía nazi se volvió fascinante incluso después de que dicho régimen fuera derrotado y aun más allá de las fronteras de Alemania. Aunque es indisociable de sus circunstancias históricas, los objetos en torno al partido han adquirido cierta aura que los vuelve atractivos, codiciables. De ahí que no sea extraño que en el mundo existan personas dedicadas a coleccionarlos, de la misma forma que se coleccionan estampillas postales o mariposas.

Para muchos, el nombre de Kevin Wheatcroft es el de un desconocido, alguien con tanta importancia como cualquiera. Sin embargo, en el mundo del coleccionismo, se trata de una especie de celebridad, pues ha acumulado el acervo más cuantioso de memorabilia nazi del que se tenga noticia.

La afición de Wheatcroft comienza en su niñez, en su cumpleaños número 5, cuando sus padres le obsequiaron un casco de la SS que él mismo había pedido. Al año siguiente, su padre le negó la compra del Mercedes Benz G4 que Hitler usó para viajar por Sudetenland en 1939. Como sea, en su juventud continuó cultivando su simpatía por el régimen, llegando incluso a recuperar jeeps nazis estropeados o buscando piezas de tanques de guerra. En Linz, Wheatcroft adquirió muchos de los muebles de Hitler, incluyendo su cama, en la cual duerme, aunque ha cambiado el colchón.

Actualmente, Wheatcroft tiene 55 años y mantiene su colección en reserva. Solo hace poco accedió a que esta tuviera un sitio web en donde se ofrece mayor detalle de las piezas que la componen, pero en general prefiere mantenerla al margen del gran público. En parte esto se debe a que los objetos nazis se encuentran regulados legalmente en varios países, en algunos está prohibido comercializar con ellos e incluso ciertos sitios de compraventa en línea (como eBay) optaron por no dar cabida a esas transacciones.

Por el relato que Alex Preston hace en The Guardian sobre Wheatcroft y su colección, resulta evidente que más que un fanático nazi, este empresario inglés es cautivo de una obsesión, un coleccionista en el sentido en que Walter Benjamin lo entendió: un melancólico que busca sustraer a los objetos del circuito de las mercancías, aislarlos, devolverlos a una especie de estado primigenio imposible en el que se muestran únicamente en su esencia, librados de esos accidentes que la historia ineludiblemente les imputa (pero los cuales, finalmente, tal vez sean la verdadera esencia):  

Quizá es posible concretar así el secreto motivo que subyace al coleccionismo: abre el combate con la dispersión. Al gran coleccionista le perturba de modo por completo originario la dispersión y el caos en que se halla toda cosa en el mundo. [...] El alegórico en cambio representa el polo opuesto del coleccionista. Ha renunciado a iluminar las cosas con el empleo de la investigación de sus afinidades o su esencia. Así que las desliga de su entorno, mientras que deja [...] a su melancolía iluminar su significado. El coleccionista, por su parte, liga aquello en que ve correspondencia; así puede alcanzar una enseñanza sobre las cosas por sus afinidades o su sucesión en cuanto al tiempo. [...] En lo que atañe al coleccionista, su colección jamás está completa, y aunque le falte una sola pieza, lo coleccionado permanece como mero fragmento, como desde siempre son las cosas en cuanto hace a la alegoría.
Las violaciones en masa cometidas por el Ejército Rojo



El jefe de propaganda del ejército soviético lo tenía claro y así se lo trasmitió a las tropas comunistas que, tras romper el frente oriental, entraron en Alemania: "¡Maten! ¡Maten!. En la raza alemana no hay más que mal, ¡ni uno entre los vivos, ni uno entre los aun no nacidos, nada más que mal! Sigan los preceptos del camarada Stalin. Aniquilen a la bestia fascista de una vez por todas en su guarida. ¡Usen la fuerza y rompan el orgullo racial de esas mujeres alemanas! ¡Tómenlas como su botín de guerra! A medida que avancen, maten, nobles soldados del ejército rojo."



La consecuencia: dos millones de mujeres alemanas violadas, de las que casi un cuarto de millón asesinadas durante o después de la violación. Una conducta inducida por los mandos que trasmitieron a la tropa “su derecho” a tomar a las mujeres alemanas como parte del botín de guerra.
Las denuncias de violaciones en Alemania fueron sistemáticamente silenciadas y ocultadas tras la Segunda Guerra Mundial. Al fin y al cabo, los soviéticos habían sido ganadores del conflicto y Estados Unidos, Inglaterra y Francia no estaban dispuestos, tampoco tenían fuerza para ellos como se demostró poco después, a enfrentarse contra Stalin y sus socios. Un libro publicado en 2005 por el historiador británico Antony Beevor “Berlín, la caída: 1945” demostró documentalmente la masacre cometida por el Ejército Rojo a medida que ocupaba territorio alemán.

En la zona oriental, todavía durante la guerra, fueron violadas casi 1,4 millones de mujeres de todas las edades, desde niñas a ancianas. La orgía continuó con la toma de Berlín, donde más se cometieron más de 100.000 violaciones. Como si no hubieran tenido suficiente, en la zona controlada por la URSS, continuaron con esta práctica llegando a cometer otro medio millón de abusos.



Las descripciones que Beevor recoge en su libro son espeluznantes: violaciones múltiples, niñas, ancianas,… El sadismo estuvo presente en todos los casos, pero especialmente en aquellos en los que, como la esposa del ex canciller Helmut Kohl, las hijas eran violadas delante de sus madres. O aquellas en las que los abusos sexuales iban acompañados de torturas que terminaban con la muerte de las víctimas.
La documentación oficial consultada por el historiador no deja lugar a la duda sobre los brutales hechos. En ellos, los más crueles resultaron ser los soldados mongoles que llegaron a crucificar vivas a mujeres que previamente habían violado y se llegaron a encontrar algunas que habían sido ahorcadas con sus propios intestinos tras haberles abierto el estómago.

Infinidad de casos que no se restringieron a la entrada de los soviéticos en Alemania. Sucesos similares, aunque en menor número, se vivieron durante la toma soviética de Hungría, donde se han documentado 55.000 violaciones.
 
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